16 DE AGOSTO DE 2011
4º DÍA DE PLAYA (5º EN DOS AÑOS)
Sola.
Le pregunta el camarero al cliente:_el café ¿sólo?. Y responde el cliente:_¡SÓLO!, SIN LECHE Y SIN GENTE.
La Peña, nuestra Peña, hoy estaba fuera del agua (hacía muchos años que no la veía entera).
En el autobús se ha sentado una señora junto a
mí , a la cual conozco desde hace muchos años y sé, lo que ha pasado con su hijo que siempre se empeñó en coger el camino mas más corto y las amistades menos recomendables. Élla no me reconoció en un principio, después me ha puesto al corriente de los últimos acontecimientos (no muy agradables, por cierto).
Le he recomendado que piense un poco más en élla, que sus nietos son mayores y que élla tiene que contar los días cómo si le quedaran pocos, que viva su vida , aunque séa a ratos, como todos, pero que la viva.
He llegado a lo alto de los "meanos" (médanos para los más "fisnos") y he visto a la Peña accesible para todos los públicos. He cogido una tumbona en el chiringuito de Pedro José , he dejado mis cosas colocadas y me he ído al agua.
Estaba fría, pero he seguido impertérrita, desafiante, (mu chula). Una vez dentro del agua ya no la notas tan fría, estaba estupenda.
Me acabo de dar cuenta de que me he salido del mapa, ahora pertenezco al Océano. Curioso ¿no?.
Después del baño reconfortante para la circulación sanguinea, preventivo para los posibles resfriados futuros y refrescantes para el cuerpo, me he salido a pasear un poquito y en éstas he pensado ( porque, como decía mi amigo Paco: eres tonta, pero algunas veces razonas): voy a ir a la Peña (pesssssaita estoy este año con la Peña, ¡Dios!), bueno , pués he ído y al acercarme y estar bajo élla tuve la sensación de estar ante una Catedral y la he tocado con la misma devoción que si hubiera tocado el Muro de las Lamentaciones o la Columna del Peregrino en Santiago.
A las dos, más o menos, y después de haberme tomado el primer "saguiche" con una lata de Cruzcampo fresquita ( que ofrecí por vosotros como quien ofrece una vela a S. Judas Tadeo), para no perder el norte, ya sabeis..., traspasé de nuevo los límites del mapa y me introduje en el Océano (aquí no nos conformamos con mares, aquí vamos a lo grande y tenemos Océanos, ¡¡como me crezco con la Cruzcampo ¿eh?!!).
El agua estaba menos fría , más cálida, de vez en cuando viene una oleada tan caliente que parece la meada de un elefante (con perdón), las olas me mecían con suavidad cuando hacía el Cristo o el muerto o como quiera que se llame a éso de ponerse panza arriba con los brazos en cruz y dejarte llevar.
La playa casi desierta, se suben a comer y luego bajan al atardecer, la música del chiringuito casi no se oye, muy prudentes, éllos, la han bajado respetando la siesta que aquí es sagrada hasta en la playa.
Hay dos o tres perros, aunque están prohibidos a la hora del baño. Muy cerca tengo una familia de rumanos o búlgaros o yo que sé, del norte de Europa son, desde luego y el perrito salió un racista irracional, cada vez que pasa un africano con sus cachivaches, le ladra el muy...Por un lado es normal por aquello de lo estravagante y tal, pero por otro...¡jode! ¿que no?.
Ya hay, por lo menos siete perros y, ni la guardia civil, ni los municipales, ni el seprona ni nadie a quien corresponda se pasa por aquí dando una vueltecita ¿no deberían hacerlo de vez en cuando?.
Algunos están sueltos, con lo cual están molestando a los ciudadanos, que comienzan a alzar la voz, yo creo que con razón.
De vez en cuando suena un acordeón y mi mente se transporta a los años 20, de aquella Árgentina gloriosa, en la que nunca estuve, por cierto, pero por aquello del cine...y tal.
No sé porqué me pone un poco triste.
He ído a por un descafeinado con hielo y al servicio, ya no me apetece traspasar los límites del mapa, el rompeolas está un poco..."enfadado" y no me aventuro, ya sabeis que hace unos días casi aparezco en Marruecos, ya está terminando de subir la maréa y en ése tránsito se pone furioso el Mar... la Mar. Además con tanto perro suelto , ¡hasta yo me siento un poco enfadada!
MIRAR ESTE QUE GRACIOSO, (es de la red, pero me ha quitado el enfado)
Me he subido con cierta desgana, porque mi costumbre ha sido siempre bajar a las seis o siete de la tarde hasta que se íba el sol o me echaban, literalmente, las gaviotas. Cuando ya se íba la gente y bajaban los pescadores a coger posiciones para la noche, las gaviotas comenzaban a salir (no sé de donde, porque durante el día no se veía ninguna) y poco a poco me íban rodeando cada vez más cantidad hasta que me acoj...... y me subía.
A la vuelta he conocido a una señora de Códoba que en media hora nos hemos contado media vida, que se bajó en el Rocío sinó en la otra media terminamos de contarnos el resto de nuestras historias. Y así terminó el día de playa que pasé conmigo misma. ¿Con quién mejor? SOLA, SIN LECHE Y SIN GENTE.