1- Agosto- 2011. (2º día de playa, 3º en dos años)En principio me apetecía tirarme en la suit de la república independiente de mi casa a ver una película en mi DVD (regalo de mi hija por Reyes y cuya odiséa, la del DVD, será contada en otro momento), bueno a lo que íba, que me esperaba una siesta tranquila, que no aburrida, pero como aún no aprendí a decir ¡no!, pués me fuí a la playa.
El día amaneció... chungo, nublado, amenazante, poco playero vamos, pero me gusta el riesgo y la aventura y allá que nos fuimos a coger el autobus de las cuatro (tengo que amortizar los 15 Euros si no...).
Al salir de casa el tiempo había empeorado, pero ni élla me llamó para anular el viaje, ni yo tampoco, signo inequívoco de que ninguna de las dos estábamos dispuesta a quedarnos en casa.
Mi marido me acercó a la parada y le dije:- cuando llegue te llamo para que me vengas a recoger.
_Eso si no te trae el vendaval hasta aquí, dijo él muy graciosillo. _Si me lleva el viento, que no séa aquí, sino a los cayos de Honduras, con los supervivientes o, como a Dorothy (Mago de Oz) a paises lejanos e irreales a buscar mi libertad y mi coraje.
Entre risas nos despedimos. Llegó mi amiga y todos tenían un comentario jocoso que hacernos, por el día tan malo que habíamos escogido.
Llegamos a Matalascañas pasando por delante de ése paisaje único de la "madre" repleta de patos, cigueñas, picabueys, caballos y otras muchas especies que no distingo o desconozco.
La Ermita de la Señora al fondo.
Al llegar, el tiempo no era tan desapacible como en el pueblo. Nos sentamos a charlar, a la hora, cuando nos habíamos comido el paquete de pipas de rigor, decidimos ir a mojarnos los piés y lavarnos un poco la arena que se nos había quedado pegada al cuerpo. En ésto me adentro un poco, sin miedo, pués tantas veces me bañé en las mismas condiciones..., no pensaba atravesar las crestas de espumas del rompeolas, porque estaba el mar demasiado furioso, pero la fuerza de una ola me tiró y comenzó a arrastrarme, al intentar levantarme venía otra mas fuerte y al mismo tiempo que no me dejaba levantar me seguía arrastrando dirección Mazagón, caía cada vez mas debil y me veía impotente para levantarme.
La gente en la orilla cree que te estás divirtiendo y desoye tus gritos, pero llegó un momento, que pensé: "no salgo de ésta, mis fuerzas no me responden ya y me dejé llevar impotente, con la esperanza de que alguien me echara una mano (literalmente) o que uno de ésos golpes me sacara a la orilla.
El mar me arrastró unos 500 metros y cuando mis fuerzas me abandonaban por momentos apareció un angel en forma de hombre con calzonas azules y acento sevillano.
Se adentró cuando vió que le gritaba ¡por favor, ayúdame!, lo intentó con una mano, pero las olas me separaban de él, tuvo que meterse y con las dos manos y un gran esfuerzo, me agarró y me sacó de aquél torbellino que, de la forma más tonta se estaba convirtiendo en mi última experiencia, en mi última aventura.
Me recuperé un poco y me fuí dándole las gracias por haberme salvado la vida.
Me pararon unas chicas y me dijeron:_ ¿Está usted bién? al principio pensamos que estaba de broma, pero cuando ibamos a buscarla vimos al hombre que la ayudaba. _Gracias chicas, la verdad es que lo he pasado bastante mal.
Cuando llegué a donde estaba mi amiga (élla tan feliz sentada en la orilla) ¡NO SE HABÍA ENTERADO DE NADA!.
Después hemos tomado el sol (cuando las nubes querían), nos hemos ido al chiringuito para tomar un café y nos hemos ído en el autobús de las ocho.
Por el camino nos ha caido un buén chaparrón y cuando hemos llegado ha salido un sol expléndido y un hermoso arco iris.
LA VIDA SIGUE Y... ¡¡NOS ESPERAN TANTAS AVENTURAS!!.


